En la alquimia de la cocina, pocos ingredientes poseen el poder de transformar un plato con una sola gota de su esencia.
La betarraga, también conocida como remolacha o betabel, es ese diamante en bruto que, al primer contacto con el cuchillo, tiñe de púrpura las manos del cocinero como si fuera un ritual.
En este 2026, donde buscamos alimentos que no solo nutran sino que deslumbren, esta hortaliza se ha convertido en la reina de la versatilidad.
Más allá de su color vibrante, la betarraga es un tesoro de dulzor terroso y textura camaleónica. Puede ser crujiente y fresca en una tarde de verano o suave y reconfortante en un asado de invierno.
Sin embargo, su verdadera magia reside en cómo la tratamos: cocinarla correctamente es la diferencia entre un vegetal opaco y una explosión de beneficios y sabor que resalta en cualquier mesa.
El desafío, por supuesto, es lidiar con su intenso pigmento. Los expertos recomiendan siempre el uso de delantal y, si se desea mantener las manos impecables, guantes de cocina.
Pero no hay que temerle al color; al contrario, es el indicador de que estamos ante un alimento cargado de antioxidantes que merecen ser aprovechados al máximo.
Técnicas para resaltar su dulzor natural
Para mantener sus beneficios y potenciar su sabor, la freidora de aire y el horno se han vuelto los mejores aliados.
Al someter a la betarraga a altas temperaturas de forma controlada, sus azúcares naturales se caramelizan, eliminando la necesidad de añadir endulzantes.
Una técnica infalible es asarla entera y con piel; al terminar, la cáscara se arruga y se desprende casi sola, revelando un interior tierno y concentrado.
Si se busca algo más rápido, cortarla en rodajas finas para crear chips de betarraga es la opción ganadora del 2026.
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Al rociarlas con apenas un poco de aceite de oliva y sal de mar, se transforman en un snack saludable que reemplaza con creces a cualquier producto procesado.
La clave aquí es la precisión del corte: cuanto más delgado, más crujiente será el resultado final.
No se deben desperdiciar las hojas verdes que suelen acompañar a la raíz. Estas son ricas en nutrientes y pueden saltearse con ajo y aceite como si fueran espinacas.
Es la cocina de aprovechamiento total, donde cada parte de la hortaliza cumple una función estética y nutricional en el plato.
Creatividad en el plato: del hummus al Red Velvet
La betarraga es la maestra del disfraz. Para quienes buscan impresionar en una reunión, el hummus de betarraga es el dip por excelencia.
Al añadir betarraga cocida al clásico puré de garbanzos, el plato adquiere un tono fucsia eléctrico que cautiva la vista antes que al paladar.
Acompañado de frutos secos o crutones, este hummus eleva cualquier picada a una experiencia gourmet.
En el mundo de la repostería, su uso ha revolucionado los postres «Red Velvet». En lugar de colorantes artificiales, los chefs utilizan puré o extracto de betarraga para lograr ese rojo profundo en galletas, cupcakes y tortas.
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El resultado es un bizcocho más húmedo, con una complejidad de sabor que el azúcar por sí sola no puede alcanzar.
Al elegir las mejores piezas en el mercado, se debe buscar firmeza. Una betarraga suave es señal de que ha perdido su frescura.
La piel debe estar lisa, sin golpes ni manchas. Al conservarlas en recipientes herméticos dentro del refrigerador, se asegura que su vitalidad se mantenga intacta hasta el momento de encender los fogones.





