La menopausia llega sin invitación y, lo que es peor, sin un manual de instrucciones. Para millones de mujeres, esta transición biológica no es solo el cese del ciclo reproductivo, sino un territorio inexplorado, cargado de silencios culturales y mitos heredados. ¿Por qué nadie nos preparó para que los sofocos fueran solo la punta del iceberg? ¿Por qué la sociedad asocia este momento con el «declive» y una supuesta pérdida de valor?
La doctora Desirée Trama Figueras, ginecóloga especialista en menopausia y envejecimiento saludable de Dexeus Mujer, irrumpe en este tabú para entregar la información que todas hubiéramos deseado tener. La experta sostiene que la razón por la que este tema se oculta es cultural: «Se ha asociado con el final de una etapa ‘positiva’ y el inicio de una ‘etapa de declive’. Históricamente, el rol femenino se vinculó a la fertilidad, y el fin de ese ciclo se interpretó erróneamente como una pérdida de valor o vitalidad».
Este estigma social se junta con la presión de la «supermujer» moderna, que siente que reconocer síntomas —ya sean físicos o emocionales— es una muestra de debilidad que debe ocultarse. Pero el costo de ese silencio es alto, porque la menopausia es mucho más que sofocos.
La doctora Trama revela que la mayoría de las consultas giran en torno a síntomas inesperados. Muchas mujeres acuden tras visitar múltiples especialistas, buscando una conexión entre sus padecimientos y esta etapa. La lista de síntomas asociados es sorprendentemente larga: «Muchas mujeres no presentan los clásicos sofocos o sudoraciones nocturnas, sino otros menos conocidos, como dolores musculares o articulares, palpitaciones, ansiedad, irritabilidad, infecciones urinarias recurrentes, o neblina mental», comenta la ginecóloga. De hecho, se han descrito más de 200 síntomas ligados a esta transición, a menudo confundidos con otras dolencias.
Otro gran misterio es la predicción: ¿Cuándo ocurrirá la última menstruación? La doctora Trama es tajante: «No hay forma exacta de predecirlo». La menopausia es un diagnóstico clínico retrospectivo, que se confirma únicamente cuando han pasado 12 meses sin menstruación, ya que las fluctuaciones hormonales en la fase de transición son impredecibles.
La ciencia ha desvelado que la disminución de los estrógenos es la causa de esta revolución silenciosa, pues estas hormonas actúan como protectoras en casi todos los sistemas del cuerpo. Su descenso afecta al sistema nervioso central (provocando insomnio y «neblina mental»), al sistema genitourinario (causando sequedad y pérdida de elasticidad) y al sistema cardiovascular (incrementando el riesgo de colesterol elevado e hipertensión).
Ante este panorama, la doctora Trama Figueras tiene un mensaje claro: la menopausia no es el «fin de la feminidad» ni una sentencia. «La información es poder. Conocer lo que ocurre permite anticiparse, cuidarse y vivirla con tranquilidad», afirma. Recomienda a las mujeres de 40 años adoptar hábitos saludables desde ahora: ejercicio regular (incluyendo fuerza), gestión del estrés y una nutrición equilibrada. Estos pilares no solo mitigan los síntomas, sino que blindan el cuerpo contra las enfermedades cardiovasculares y óseas, haciendo de esta etapa no un declive, sino la transición hacia una nueva y mejorada madurez.





