Sentir que sus pies se despegan del suelo, los objetos en su habitación comienzan a flotar, el agua de su vaso se convierte en esferas suspendidas y, por unos segundos, el mundo entero parece haber perdido su anclaje.
Esta narrativa, que ha corrido como la pólvora en redes sociales, describe un colapso gravitacional inminente.
Sin embargo, para la NASA, esta historia no es más que un «absoluto disparate» que desafía las bases mismas del universo.
Periodo de ingravidez momentánea
El rumor, que ha generado una mezcla de pánico y fascinación, asegura que la Tierra experimentará un periodo de ingravidez momentánea.
Según estas publicaciones virales, el caos global sería inevitable, obligando a las agencias espaciales a realizar inversiones multimillonarias para mitigar el desastre.
Pero la realidad científica es mucho más sólida y, afortunadamente, mucho menos volátil: la gravedad no es un interruptor que alguien pueda apagar.
Para los investigadores, el error de esta teoría conspirativa radica en una falta de comprensión fundamental sobre qué es la gravedad.
Esta fuerza no es un gas que se pueda agotar ni una señal de Wi-Fi que se pueda perder; es una propiedad intrínseca de la materia. Mientras la Tierra tenga masa, tendrá gravedad.
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Por qué no saldremos volando
La gravedad existe porque nuestro planeta es una masa gigantesca de roca, metal y agua.
Es esta masa la que genera la curvatura en el espacio-tiempo que nos mantiene unidos al suelo, mantiene los océanos en sus cuencas y retiene la atmósfera que respiramos.
Para que la Tierra perdiera su gravedad el 12 de agosto, el planeta tendría que perder instantáneamente una cantidad masiva de materia, lo que significaría la desaparición de su núcleo o su corteza.
Un portavoz de la NASA fue tajante al explicar que no existe ningún mecanismo físico conocido que pueda causar una pérdida repentina de gravedad.
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Si tal evento ocurriera, no estaríamos preocupados por flotar unos segundos; la estructura entera del planeta se desintegraría, ya que es la propia gravedad la que mantiene cohesionada la esfera terrestre.
Sin ella, la presión interna del núcleo haría que el planeta explotara hacia el vacío del espacio.
Por lo tanto, la idea de una «pausa gravitacional» choca frontalmente con las leyes de la física que han regido el cosmos durante miles de millones de años.
La masa terrestre es constante y, por extensión, su abrazo gravitatorio sobre nosotros también lo es.
El eclipse del 12 de agosto
¿De dónde surgió entonces la fecha del 12 de agosto? Como suele ocurrir con los rumores más efectivos, este se apoya en un evento astronómico real pero malinterpretado: un eclipse solar total.
Durante este fenómeno, el Sol, la Luna y la Tierra se alinean de forma perfecta, creando un espectáculo visual asombroso. Sin embargo, esta alineación no altera la gravedad de manera perceptible para los seres humanos.
Las interacciones gravitatorias entre estos tres cuerpos celestes son constantes y predecibles. De hecho, son las responsables de las mareas que vemos a diario.
Aunque durante un eclipse las fuerzas de atracción de la Luna y el Sol se suman en una dirección específica, el efecto es tan minúsculo que solo afecta ligeramente el nivel del mar, nunca la capacidad de una persona para mantenerse sobre sus pies.
La NASA ha aprovechado este revuelo para recordar que la verdadera preocupación el 12 de agosto no debería ser la gravedad, sino la salud ocular.
La agencia recomienda encarecidamente el uso de gafas de eclipse certificadas para observar el fenómeno, ya que la luz solar puede causar daños irreversibles en la retina.
En conclusión, en agosto de 2026, lo único que se elevará será nuestra mirada hacia el cielo, mientras nuestros pies permanecen, como siempre, bien plantados en la tierra.





