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¿Los nidos de abejas se crearon en fósiles de animales?

Por Daniela Luna
27/12/2025
¿Los nidos de abejas se crearon en fósiles de animales?

El eco de las gotas de agua golpeando el suelo de piedra caliza es, a menudo, el único sonido que rompe el silencio en las profundidades de las cuevas de la isla Hispaniola. Sin embargo, hace veinte mil años, ese mismo aire vibraba con un zumbido constante y frenético.

En la penumbra de las grutas del Caribe, una de las alianzas más extrañas de la naturaleza estaba teniendo lugar: las abejas, ingenieras por excelencia del mundo de los insectos, habían encontrado en los restos de la muerte el hogar perfecto para proteger la vida. Un equipo de científicos, liderado por Lázaro Viñola-López del Museo Field de Historia Natural de Chicago, ha desenterrado recientemente un secreto que redefine nuestra comprensión sobre la adaptabilidad de estos polinizadores.

El estudio sobre nidos de abejas y fósiles

La historia de este descubrimiento comenzó en 2022, durante una expedición destinada a documentar depósitos fósiles. Los investigadores no buscaban insectos, sino restos de los vertebrados que una vez poblaron la isla. Sin embargo, al observar de cerca las mandíbulas y los dientes fosilizados de especies ya extintas, notaron algo que desafiaba la lógica geológica. Dentro de las cavidades dentales y los huecos óseos, el sedimento no estaba dispuesto de forma aleatoria. Había una organización interna, una serie de cámaras lisas y meticulosamente revestidas que no podían ser producto del simple paso del tiempo o de la erosión.

El análisis mediante tomografías computarizadas confirmó la sospecha más audaz de los paleontólogos: estaban ante celdas de anidación creadas por abejas del Pleistoceno. A diferencia de las avispas, que suelen construir con fibras vegetales irregulares, estas abejas habían utilizado barro compactado y secreciones cerosas para recubrir el interior de los huesos, creando búnkeres impermeables y seguros para sus larvas.

El descubrimiento resulta fascinante no solo por la técnica, sino por la procedencia del material. La cueva había funcionado durante milenios como el comedero de búhos prehistóricos. Estas aves de presa capturaban pequeños mamíferos y reptiles, devorándolos en la seguridad de la roca y regurgitando después los huesos y dientes de sus víctimas. Lo que para el búho era un residuo biológico, para las abejas se convirtió en una oportunidad inmobiliaria sin precedentes.

Nueva faceta de las abejas

Este comportamiento revela una faceta de las abejas que la ciencia apenas está empezando a vislumbrar. En lugar de depender exclusivamente de troncos huecos o del suelo, estas poblaciones caribeñas aprovecharon la acumulación de material óseo para establecer nidos comunales dentro de las propias estructuras de los fósiles. Se trata de un registro indirecto de actividad, lo que los expertos llaman fósiles traza. A estas estructuras se les ha otorgado el nombre científico de Osnidum almontei, un tributo al investigador que documentó originalmente la cueva, elevando estos rastros de barro y cera a la categoría de hitos evolutivos.

La relevancia de este hallazgo es monumental para la paleontología del Caribe. Hasta ahora, casi todo lo que sabíamos sobre las abejas antiguas de la región provenía de especímenes atrapados en ámbar, piezas de resina que conservan el cuerpo del insecto pero que pertenecen a épocas mucho más remotas. El descubrimiento en la piedra caliza de Hispaniola llena un vacío de miles de años y demuestra que el comportamiento de anidar en cuevas y utilizar huesos como refugio fue una estrategia exitosa en un mundo de climas cambiantes y recursos limitados.

Este hallazgo nos obliga a mirar con otros ojos los restos aparentemente discretos del pasado. Nos enseña que la vida no solo se abre camino, sino que es capaz de reciclar la historia para asegurar su futuro. Las abejas que habitaron esas cuevas hace veinte milenios no veían fósiles de animales extintos; veían fortalezas.

Hoy, esos mismos restos nos cuentan una historia de supervivencia creativa, recordándonos que la diversidad de estrategias en el reino animal es mucho más vasta de lo que nuestras teorías actuales permiten imaginar. La fragilidad de una abeja y la solidez de un hueso fósil se unieron en la oscuridad de una cueva para dejarnos un mensaje sobre la persistencia de la naturaleza que apenas estamos empezando a descifrar.

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Daniela Luna

Daniela Luna

Periodista.

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