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NASA transforma hasta el 98% del pipi y el sudor en agua segura

Por Daniela Luna
20/01/2026

En el vacío gélido y hostil del espacio, donde cada gramo de peso cuesta una fortuna y el reabastecimiento es una odisea logística, la supervivencia depende de una alquimia tecnológica que parece sacada de una novela de ciencia ficción. A bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), los astronautas han cruzado una frontera que para muchos en la Tierra resultaría impensable: han logrado convertir el 98% de su orina y su sudor en agua tan pura que superaría cualquier estándar de calidad municipal en nuestro planeta.

En este inicio de 2026, lo que comenzó como un experimento de supervivencia se ha consolidado como el pilar fundamental para las futuras misiones humanas a Marte.

¿Lograron convertir sudor y pipi en agua?

La escena en la cúpula de la estación es casi poética si se ignora el proceso técnico. Mientras los astronautas realizan sus rutinas de ejercicio diarias para evitar la atrofia muscular, el aire que exhalan y el sudor que brota de sus poros no se pierden en el ambiente.

Un complejo entramado de colectores absorbe cada gota de humedad. Detrás de esta hazaña se encuentra el Sistema de Soporte Vital y Monitoreo Ambiental (ECLSS), una joya de la ingeniería que actúa como un riñón artificial del tamaño de una habitación, procesando lo que nosotros consideraríamos desechos para transformarlos en el recurso más valioso del universo: agua potable.

El verdadero avance, sin embargo, reside en un componente específico llamado Conjunto Procesador de Salmuera (BPA). Hasta hace poco, la tecnología espacial se estancaba en una tasa de recuperación del 94%. Ese 6% restante se perdía en una «salmuera de orina», un subproducto denso y difícil de tratar que debía ser desechado. Pero gracias al BPA, los científicos de la NASA han logrado exprimir esa salmuera mediante un proceso de destilación por membranas, recuperando hasta la última molécula de H2O.

Lea también: El regreso a la Luna es cada vez más real mientras la NASA alista el cohete espacial

Christopher Brown, del Centro Espacial Johnson, lo describe como un hito evolutivo: pasar del 94% al 98% no es solo una mejora estadística, es la diferencia entre tener que enviar toneladas de agua desde la Tierra o ser capaces de generar un ciclo de vida autosuficiente en el espacio profundo.

Jill Williamson, gerente de los subsistemas de agua, es consciente de la reacción que esto provoca en el público. La idea de beber «pipí reciclado» suele generar muecas de rechazo, pero la realidad científica es fascinante.

El agua que fluye por las boquillas de los astronautas ha pasado por filtros químicos, reactores catalíticos y procesos de desinfección tan rigurosos que el resultado final es químicamente superior al agua embotellada más costosa. «No bebemos orina», aclara Williamson, «bebemos agua purificada que en su vida anterior fue otra cosa, pero que ahora es más limpia que cualquier agua de grifo terrestre».

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Economía en el espacio

Este avance no solo tiene que ver con la salud de la tripulación; es una cuestión de economía y alcance. Cada medio litro de agua que un astronauta necesita diariamente para beber, cocinar o cepillarse los dientes representa un costo logístico masivo si se envía desde la superficie terrestre.

Al alcanzar el 98% de reciclaje, la NASA ha eliminado gran parte de la necesidad de misiones de reabastecimiento constantes, abriendo el camino para que la humanidad pueda, por fin, establecer campamentos permanentes en la Luna y planear el viaje de dos años hacia el Planeta Rojo.

Hoy, mientras la astronauta Kayla Barron ajusta los filtros del sistema ECLSS en la órbita terrestre, nos recuerda que el futuro de la exploración espacial no depende solo de potentes cohetes o escudos térmicos, sino de nuestra capacidad para imitar los ciclos perfectos de la naturaleza en un entorno artificial.

El agua que hoy es sudor en la frente de un explorador espacial será, mañana, el café que lo mantenga alerta mientras observa la Tierra desde la distancia. La ciencia ha demostrado que, en el espacio, nada se pierde, todo se transforma y, sobre todo, todo se bebe.

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Daniela Luna

Daniela Luna

Periodista.

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