Hay un momento mágico en la peluquería, justo después del corte y el lavado, en el que el estilista empuña el secador. El resultado es consistentemente el mismo: una melena que parece ingrávida, con un brillo sedoso y una suavidad que, por mucho que lo intentemos, jamás conseguimos replicar en casa. Utilizas el mismo sérum, el mismo protector térmico, pero el resultado se queda a medio camino, a menudo luchando contra el odioso frizz.
El gancho de este misterio es que la diferencia no está en el producto, sino en un gesto tan simple y fundamental que la mayoría ignoramos: la dirección en la que aplicamos el aire.
El peluquero y embajador de Rowenta, Pablo Robledo, ha revelado el error más común que arruina el look de «recién salida de la peluquería». Cuando secamos el cabello de forma aleatoria o ascendente, levantamos la cutícula, esa capa externa que actúa como el escudo protector del pelo. Al quedar abierta, la cutícula dispersa la luz y absorbe la humedad, lo que se traduce en encrespamiento y un aspecto opaco.
La técnica profesional es, de hecho, una ciencia básica: hay que dirigir el aire desde las raíces hacia las puntas. Robledo lo explica con precisión: al secar en esta dirección, el aire actúa como un cepillo invisible, «alisando la cutícula del cabello» y obligándola a cerrarse. Cuando la cutícula está sellada, la melena se vuelve suave, refleja la luz con más intensidad y se minimiza el frizz. Además, el experto subraya que esta práctica es protectora, ya que minimiza el daño de las fibras capilares al seguir el sentido natural del crecimiento.
Para lograr el efecto antifrizz definitivo, el estilista añade otras reglas de oro: mantener el secador a una distancia prudente de 15 a 20 centímetros y controlar la temperatura. Los secadores modernos, o el uso de un difusor, ayudan a distribuir el calor de manera más suave.
Sin embargo, quienes tienen el pelo fino tienen una objeción válida: secar de raíz a puntas puede dejar la melena «plana». Robledo ofrece una solución maestra para ellas: secar primero el cabello invertido, con la cabeza hacia abajo. Esta postura permite levantar las raíces y dar volumen natural.
El broche de oro, el secreto final para capturar ese brillo de salón, es el aire frío. Robledo aconseja terminar siempre con un toque de aire frío dirigido de raíces a puntas. Este cambio de temperatura sella definitivamente la cutícula después del calor, fijando la forma del peinado y bloqueando la suavidad y el brillo por más tiempo. Este simple gesto, el de secar con intención y terminar con frescura, es la diferencia entre un peinado casero y un acabado de peluquería.





