El fenómeno del dermaplaning se ha extendido por las pantallas como un filtro de realidad mágica. Bajo el nombre de afeitado cosmético, miles de usuarios en redes sociales deslizan pequeñas cuchillas sobre sus rostros, buscando esa piel de cristal que las celebridades lucen en las alfombras rojas. Sin embargo, lo que se presenta como un atajo inofensivo hacia la luminosidad es, en manos inexpertas, una amenaza latente para la salud cutánea. Pedro Catalá, doctor en farmacia y experto en cosmética, observa esta tendencia con una preocupación fundamentada: la línea que separa una exfoliación eficaz de una agresión dermatológica es peligrosamente delgada.
La práctica no es una novedad, aunque el algoritmo la venda como tal. Su origen se encuentra en el kao-sori, una tradición japonesa centenaria diseñada para purificar el rostro mediante el rasurado. El objetivo es eliminar el vello fino y las células muertas para que la luz rebote en la piel con una uniformidad perfecta. En el Hollywood de mediados del siglo XX, iconos como Marilyn Monroe ya conocían este secreto para que el maquillaje se asentara como una segunda piel. Hoy, Victoria Beckham y Eva Mendes mantienen el legado, pero hay una diferencia crucial entre un procedimiento realizado en una clínica de élite y un experimento casero frente al espejo del baño.
El riesgo principal reside en la vulnerabilidad de la barrera cutánea. Al pasar una cuchilla, no solo se retira el vello, sino que se eliminan capas superficiales que protegen el rostro del entorno. Catalá advierte que el peligro de generar microcortes es real y, con ellos, la puerta queda abierta a infecciones y foliculitis. Para quienes poseen piel sensible o reactiva, el dermaplaning puede actuar como un detonante de brotes de rosácea o dermatitis que tardan semanas en sanar. En el caso del acné, el paso de la hoja puede propagar bacterias por todo el rostro, convirtiendo una inflamación aislada en una crisis generalizada.
A pesar de las señales de alerta, la técnica tiene sus virtudes cuando se aplica sobre el lienzo adecuado. En pieles normales o mixtas, sin patologías activas, el resultado es una suavidad inmediata y una mejor absorción de los principios activos de los sueros y cremas. También resulta una alternativa valiosa para mujeres con vello facial marcado por razones hormonales que no toleran la agresividad de la cera. El problema surge cuando la inmediatez del resultado ciega al consumidor ante los daños a largo plazo, como la sensibilidad aguda o el ardor constante.
La verdadera sabiduría dermatológica sugiere caminos menos traumáticos. Mientras que el dermaplaning utiliza la fricción mecánica, los exfoliantes químicos con ácidos como el glicólico o el láctico ofrecen un control mucho mayor sobre el proceso de renovación. Para las pieles más frágiles, la exfoliación enzimática, basada en proteínas de frutas como la papaya, permite limpiar profundamente sin necesidad de arrastre ni cuchillas. El mensaje de los expertos es claro: la belleza no debería nacer de una herida. Antes de seguir el último grito de una red social, es vital recordar que la piel es un órgano vivo, no una superficie que deba ser pulida hasta la desprotección.





