A 146 años luz de distancia, en la inmensidad del cosmos, un nuevo mundo ha emergido de los datos del telescopio Kepler para desafiar nuestra comprensión de lo que significa ser «habitable».
En este inicio de 2026, la comunidad astronómica centra su mirada en HD 137010 b, un exoplaneta que se perfila como una «Tierra congelada».
Aunque comparte asombrosas similitudes con nuestro hogar, su gélida naturaleza sugiere que la vida allí, de existir, tendría que enfrentarse a condiciones extremas.
Este cuerpo celeste ha capturado la atención por su configuración orbital. Tarda aproximadamente 350 días en dar una vuelta completa a su estrella, un intervalo casi idéntico al año terrestre.
Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la duración de sus estaciones; aunque orbita una estrella de tipo solar, su sol es más pequeño y frío que el nuestro, lo que sitúa a este planeta en un equilibrio térmico precario.
A pesar de que su tamaño es apenas un poco mayor que el de la Tierra, HD 137010 b recibe menos de un tercio de la energía que nosotros obtenemos del Sol.
Esto lo convierte en un desierto de hielo donde la temperatura superficial se estima en unos -68 °C. Para ponerlo en perspectiva, este mundo es incluso más gélido que Marte, cuya media ronda los -65 °C.
Un candidato en el borde de la zona habitable
La fascinación por este planeta radica en su ubicación. Según el estudio publicado en enero de 2026 en The Astrophysical Journal Letters, existe un 50 % de probabilidades de que se encuentre en la zona habitable.
Este término técnico no garantiza la existencia de bosques o mares, sino que define la región donde la distancia a la estrella permitiría, teóricamente, que el agua no se evaporara ni se congelara de forma instantánea.
Sin embargo, estar en la zona habitable es solo el primer paso de una larga lista de requisitos.
Lea también: Estudian si estrella gigante roja podría haber devorado a uno de sus planetas
El astrónomo Thiago Gonçalves señala que, para que HD 137010 b albergue agua líquida en lugar de ser una bola de hielo perpetuo, necesitaría una atmósfera extremadamente rica en dióxido de carbono.
Un efecto invernadero masivo sería su única salvación para elevar la temperatura por encima del punto de congelación.
Actualmente, HD 137010 b ostenta el título de «candidato». Su detección se basa en un solo tránsito —el momento en que el planeta pasa frente a su estrella y atenúa su luz—.
Los científicos de 2026 aguardan con cautela observaciones adicionales para confirmar que no se trata de un error técnico del satélite o de otra actividad estelar, antes de declararlo oficialmente un planeta rocoso.
El reto de estudiar mundos lejanos
Si se confirma su existencia, HD 137010 b se convertiría en un laboratorio espacial sin precedentes.
Su estrella es lo suficientemente brillante como para permitir que telescopios de nueva generación analicen la luz que atraviesa su atmósfera.
Este proceso es vital para descubrir si hay rastros de gases que delaten actividad biológica o una composición atmosférica capaz de retener calor.
La búsqueda de una «Segunda Tierra» suele enfocarse en mundos templados, pero HD 137010 b recuerda a los investigadores que la habitabilidad es un espectro.
Relacionado: NASA descubre un planeta casi como la Tierra con mitad de probabilidad de ser habitable
Incluso en los rincones más fríos de la zona habitable, la geología y la química atmosférica pueden obrar milagros.
En este 2026, la astronomía no solo busca planetas que se parezcan a nosotros, sino mundos que nos enseñen los límites de la supervivencia.
Por ahora, este exoplaneta permanece como un enigma silencioso y oscuro.
Su descubrimiento es un recordatorio de que, aunque el universo esté lleno de planetas con años de 365 días, la verdadera calidez de un hogar depende de factores mucho más sutiles que la simple distancia a una estrella.





