El corazón de la Amazonia siempre ha sido un lugar de misterios, pero lo que un grupo de investigadores encontró bajo el denso follaje de la Reserva Ducke, cerca de Manaos, parece extraído directamente de una pesadilla televisiva.
En este inicio de febrero de 2026, la realidad ha imitado a la ficción de The Last of Us con un hallazgo que ha dejado a la comunidad científica internacional en vilo: el primer registro de un hongo «zombi» del género Cordyceps parasitando a una tarántula gigante.
El descubrimiento no fue fruto de la casualidad, sino de una expedición conjunta entre la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), la Universidad de Copenhague y el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa).
Fue la estudiante Lara Fritzsche quien, en medio del trabajo de campo coordinado por el biólogo João Araújo, divisó una escena macabra.
Una tarántula de la especie Theraphosa blondii —conocida por su tamaño masivo— yacía inmóvil, convertida en el huésped de un organismo que tomó el control total de su existencia.
A diferencia de la serie de HBO, donde el hongo salta a los humanos y provoca el colapso de la civilización, en la selva brasileña este parásito cumple un ciclo biológico fascinante y aterrador.
El hongo infecta al arácnido, invade su sistema nervioso y, tras manipular su comportamiento, utiliza su cuerpo como una base de nutrientes para brotar desde su cefalotórax, transformando al animal en una escultura biológica destinada a esparcir la muerte entre sus semejantes.
La momia de la selva y los tallos de la muerte
Lo que los científicos recolectaron fue una tarántula amazónica completamente momificada por el hongo Cordyceps caloceroides.
De la estructura del arácnido brotaban tallos anaranjados vibrantes, cuya función es dispersar esporas en el aire húmedo de la selva para infectar a nuevas víctimas.
Este registro es inédito por la escala del huésped; si bien se conocen hongos que atacan hormigas o insectos pequeños, encontrar este parásito en un depredador del tamaño de una tarántula gigante es una rareza biológica.
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Elisandro Ricardo Drechsler-Santos, coordinador del grupo MIND.Funga y profesor de la UFSC, compartió las imágenes del hallazgo, subrayando la importancia de entender estas relaciones específicas en el Amazonas.
El parásito no solo mata a la araña, sino que «secuestra» su cuerpo para posicionarse en el lugar ideal antes de liberar sus esporas. Es una guerra biológica silenciosa que ocurre bajo nuestros pies, donde el hongo siempre tiene la última palabra.
Sin embargo, el Cordyceps no está solo en esta ofensiva. En la Mata Atlántica de Río de Janeiro, otro estudio reciente documentó una nueva especie: el Purpureocillium atlanticum.
Este hongo, de un color púrpura intenso, ataca a las arañas tramperas en el fondo de sus madrigueras.
Los científicos hallaron a los arácnidos sepultados bajo un micelio blanco, con un tallo cilíndrico asomando por la superficie de la tierra, como una antena mortal que anuncia el fin de su huésped.
Ciencia vs. Ficción: ¿Estamos en riesgo?
La pregunta que inevitablemente surge tras estos hallazgos es si el escenario de The Last of Us podría volverse real.
Para los expertos, aunque estos organismos son maestros de la manipulación biológica en artrópodos, el salto a los seres humanos sigue siendo una barrera evolutiva inmensa.
Sin embargo, el interés científico ha crecido exponencialmente, situando estos descubrimientos entre los más importantes de la década por instituciones como Kew Gardens de Londres.
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El estudio de estos «hongos zombis» en 2026 busca descifrar incógnitas fundamentales: ¿Cómo logran las esporas atravesar la armadura de una tarántula? ¿Es por contacto directo o a través del suelo contaminado?
Cada respuesta nos ayuda a comprender mejor el equilibrio de la biodiversidad y la fragilidad de la vida frente a los parásitos más especializados del planeta.
Por ahora, el apocalipsis fúngico permanece en la pantalla, pero en la selva amazónica, la batalla por el control del sistema nervioso es una realidad cotidiana.
La tarántula gigante de la Reserva Ducke es el testimonio silencioso de que, en la naturaleza, el control total es posible y la belleza de un tallo anaranjado puede ser el signo más claro de una infección mortal.





