El viento gélido que sopla en el Parque Nacional Torres del Paine suele ser una advertencia natural sobre la fragilidad del entorno. Sin embargo, para algunos visitantes, la majestuosidad de las torres de granito parece ser un escenario donde las reglas no existen. Durante las últimas semanas de diciembre y los primeros días de enero de 2026, la Corporación Nacional Forestal se ha visto obligada a endurecer su postura frente a una ola de negligencias que amenaza con convertir el paraíso patagónico en una tragedia ecológica. Las expulsiones de turistas han aumentado de forma alarmante, dejando en evidencia una preocupante falta de conciencia sobre la seguridad y la conservación.
Problemas con turistas en Torres del Paine
La normativa del parque no es un capricho administrativo, sino un escudo contra el desastre. El uso del fuego es, quizás, el punto más crítico de esta regulación. El recuerdo de los incendios forestales que en el pasado devastaron miles de hectáreas en la zona aún permanece fresco en la memoria de los guardaparques. Pese a ello, las infracciones por el uso de cocinillas en lugares prohibidos se han multiplicado. Solo en la última semana, varios turistas fueron sorprendidos encendiendo fuego en el sendero hacia la Base Torres, una de las zonas más concurridas y vulnerables. Uno de estos incidentes incluso terminó con una mujer evacuada de emergencia tras sufrir quemaduras graves en sus piernas mientras manipulaba su equipo de forma indebida.
El retiro forzoso de visitantes se ha vuelto una tarea recurrente para Carabineros y el personal de Conaf. El viernes pasado, un turista fue escoltado fuera del parque tras ser descubierto acampando en el sector Dickson, en una zona no habilitada que ponía en riesgo tanto el ecosistema local como su propia vida frente a las condiciones climáticas extremas. Pocos días antes, cuatro personas ingresaron por un acceso no autorizado, terminando la excursión con uno de ellos lesionado en el Valle del Silencio. Estos comportamientos obligan a desplegar operativos de rescate complejos que distraen recursos críticos destinados a la vigilancia y protección del área.
El director regional subrogante de Conaf en Magallanes, Michael Arcos, ha calificado esta seguidilla de eventos como una situación preocupante. La institución enfatiza que no se trata solo de proteger la flora y fauna, sino de garantizar que cada visitante regrese a salvo a su hogar. La geografía de las Torres del Paine perdona pocos errores, y los accidentes derivados de la desobediencia de los senderos marcados o del mal uso de herramientas térmicas suelen tener consecuencias inmediatas. Durante este periodo estival, ya se han coordinado múltiples evacuaciones de personas que, por exceso de confianza o ignorancia deliberada de las rutas, sufrieron lesiones en circuitos de alta montaña.
Pacto entre autoridades y visitantes
La gestión de un área silvestre protegida requiere un pacto tácito entre la autoridad y el visitante. Al adquirir el ticket de ingreso, cada turista recibe una cartilla detallada con las prohibiciones y recomendaciones necesarias para su estancia. El mensaje de las autoridades es drástico: cualquier persona sorprendida infringiendo las normas de seguridad o de manejo de fuego será expulsada del recinto de manera inmediata y sin derecho a reembolso. En un ecosistema tan sensible como el de la Patagonia, la tolerancia cero es la única garantía para que las futuras generaciones puedan seguir contemplando los glaciares y las cumbres que hoy conocemos.
La temporada de verano recién comienza y el llamado al autocuidado es más urgente que nunca. La experiencia de recorrer uno de los parques más bellos del planeta no debería terminar con una expulsión o una lesión evitable. Respetar los senderos, acampar únicamente en los sitios autorizados y comprender que una pequeña llama puede desatar un infierno verde son las condiciones mínimas para convivir con la naturaleza salvaje de Magallanes.
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